Manuel Antonio, el Parque Nacional más famoso de Costa Rica

Llegamos a Quepos en domingo, después de recorrer las playas del Pacífico norte, con ganas de cambiar un poco y visitar selva y montaña. Pasamos la noche en el Hotel Coyaba, situado en la carretera entre Quepos y Manuel Antonio, que, aunque no incluía desayuno, tiene jacuzzi y piscina. Antes de disfrutar de ellos, fuimos a Quepos a comprar comida, la carretera está muy bien y es muy accesible incluso de noche, y se tarda tan solo diez minutos al centro del pueblo.

Al día siguiente nos levantamos dispuestas a visitar Manuel Antonio, pero no habíamos contado con que los lunes los Parques Nacionales cierran; por lo que tuvimos que cambiar de planes y bajar a Uvita. Otra cosa a tener en cuenta al planear tu visita al parque es que el segundo miércoles de cada mes la entrada es gratuita para residentes y nacionales, por lo que seguramente haya mucha más gente. Volvimos a Manuel Antonio tres días después, con muchas ganas de selva y caminatas.

Llegar al Parque Nacional es fácil, lo malo es que la entrada no está bien señalizada, por lo que hay gente que se aprovecha. A casi 1 km de la entrada te paran unos señores que te dicen que son guías oficiales, que en la entrada no hay espacio para aparcar y que mejor aparques allí y contrates sus servicios como guías. Te cobran 3.000 colones por aparcar el coche, y luego tienes que caminar casi 15 minutos. Ojo, en la entrada del parque hay dos aparcamientos muy grandes y gratuitos, si no llegas muy tarde puedes aparcar sin problema, y están al lado del inicio de los caminos.

La entrada cuesta $16 dólares sin guía; y el parque abre de martes a domingo de 7:00 a 16:00. Se compra antes de pasar la puerta, en Coopealianza, si preguntas te indican dónde comprarla. Esta entrada no incluye guía, que tienes que contratar aparte. Debes saber que no hay guías oficiales, son guías independientes, y supongo que el precio varía.

Si decides no contratar guía y visitar el parque por tu cuenta, te aseguro que verás muchos animales. Es cierto que con telescopio se ven mejor, pero si llevas unos prismáticos te ahorrarás mucho dinero. Sin guía nosotras vimos monos, una especie de cuy que parecía más una rata que cobaya, llamado agoutí centroamericano, lagartos, perezosos e incluso un búho.

El Parque Nacional se creó en 1972 como área de conservación natural, y tiene una extensión total de casi 57.000 hectáreas, de las cuales 55.000 son marinas. Dentro del parque hay agua potable, duchas y baños, sobre todo cerca de las playas. También hay bastantes senderos que pueden recorrerse y varias playas en las que descansar.

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Merece la pena caminar hasta el mirador de Puerto Escondido, y hasta la catarata, aunque debes tener por lo menos medio día para poder recorrer estos senderos y disfrutar de la playa Manuel Antonio. Cuando nosotras fuimos la playa estaba repleta de gente, y, aunque es una playa muy bonita de arena blanca y agua clara, tantas personas le quitaban encanto.

Una de las cosas negativas que vi del parque es que no tiene aforo limitado, por lo que pueden entrar cientos de personas a la vez. Además, estas personas llevan años alimentando a los animales, lo que ha hecho que los monos y mapaches pierdan el miedo a las personas, y hayan aprendido incluso a abrir mochilas. Si dejas tu mochila sin vigilancia en la playa, es muy posible que alguno de estos animales te robe la comida; vi a un mono robar una bolsa de plástico y comérsela. Dar de comer a los animales salvajes es perjudicial tanto para ellos como para el medioambiente, ya que se modifican patrones y ciclos.

Debo decir que Manuel Antonio no fue mi Parque Nacional preferido, aunque supongo que si se visita en temporada de lluvias, entre semana y cuando no haya vacaciones para las personas locales, se podrá apreciar mucho más su encanto.

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Al abandonar el parque nos dirigimos hacia el Caribe, unas seis horas en coche. Paramos a comer en la Soda El Tucán (comimos por 3.800 colones, un casado con zumo, un poco caro comparado con otras sodas, pero tenían opción vegetariana), a una hora del Río Tárcoles, un río muy famoso por tener enormes cocodrilos habitando sus aguas, en el que mucha gente para durante su viaje para observarles.

El viaje hasta el Caribe era demasiado largo como para hacerlo del tirón, por lo que decidimos pasar la noche en San Jerónimo, justo antes de cruzar el parque Braulio Carrillo, a unas tres horas de nuestro destino, en Villa Ilusión, una enorme mansión utilizada para bodas y otras celebraciones que fue el alojamiento más barato de nuestro viaje y que además incluía un abundante desayuno.


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