4 ciudades en 4 días en Marruecos por 150€

Marruecos fue un viaje especial: fue nuestro primer viaje juntas. El 8 de diciembre de 2018 (sábado), sin apenas conocernos, cogimos el avión Madrid-Fez. Éramos seis y no teníamos ni idea de cómo sería viajar juntas (spoiler alert: con nuestros más y nuestros menos, fue un viaje increíble y muy especial que nos unió mucho).

Organizamos el viaje el fin de semana antes de viajar, aunque los vuelos los habíamos comprado con al menos dos semanas de antelación. Volar de Madrid a Marruecos es muy barato, nos salió por 26,50€ ida y vuelta, incluyendo 5 maletas de 10kg. Íbamos a estar sólo 4 días pero teníamos intención de ver lo máximo posible. Antes de viajar dejamos cerrados los alojamientos de las tres ciudades: Fez, Meknés y Rabat, aunque aún dudábamos de si visitar Chefchaouen o viajar al desierto.

Fez

Llegamos a Fez a las 14:55. El aeropuerto es muy pequeño, por lo que bajamos del avión y en cinco minutos estábamos en la aduana rellenando el papel que te piden para entrar al país. Ojo, si viajas por placer, jamás pongas que eres periodista, si lo haces vas a tardar el doble que el resto en pasar el control y vas a tener que responder a un interrogatorio completo.

Al ser mi primera vez en Marruecos, el aeropuerto de Fez me pareció precioso.

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Fez es la tercera ciudad de Marruecos, siendo Rabat y Casablanca las anteriores. Es la capital del islam. Cada capital tiene un color, y el de Fez es el verde.

Al salir del aeropuerto, la forma más cómoda si viajas low cost y no vas a un hotel que tenga servicio de recogida es coger un taxi. Los taxistas casi nunca ponen el taxímetro, así que prepárate para negociar el precio que crees adecuado para el viaje; aun así hay que tener en cuenta que la moneda al cambio es más barata, así que es probable que te salga bastante asequible el traslado. Nosotras, al ser seis, tuvimos más problemas para encontrar un taxi grande y conseguir un precio adecuado, ya que querían llevarnos a las seis en un coche normal cobrándonos bastante.

Después de un rato largo de negociaciones y desesperaciones conseguimos que nos llevasen a las seis en un coche grande hasta el hostal (Backhome Fez).

El alojamiento en Marruecos no es especialmente caro, y aunque puedes encontrar cosas más baratas, en este hostal la noche con desayuno incluido costaba 12€ por persona en una habitación para ocho personas con baño interior.

Como llegamos tarde, dejamos las cosas en el hostal y nos fuimos a dar una vuelta por la zona; el hostal está en la zona antigua, bastante lejos de la zona nueva. En la zona nueva se encuentran los hoteles modernos, casinos, discotecas, bares, etc. La zona antigua está más cerca de la Medina, y también se pueden encontrar sitios bonitos para cenar y tomar algo, aunque es más complicado conseguir una cerveza.

Cenamos en el Nagham Café, donde desde 80 a 95 dirhams (menos de 9 euros) puedes comer un menú de tres platos. Los platos sueltos fuera de menú tienen un precio asequible, y el té es espectacular. Al entrar hay que subir varios pisos de escaleras, que no impresionan, pero al llegar arriba las vistas desde la terraza son increíbles, se ve la zona antigua y Bab Boujloud, la puerta principal a la zona oeste de Fez el Bali (zona amurallada de Fez).

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Pedimos té con menta, buenísimo, cous cous con verduras para las vegetarianas, y con pollo para las omnívoras, hummus y harira (sopa tradicional marroquí hecha de tomates y legumbres, a veces carne), un poco de todo. El sitio tiene opciones vegetarianas, veganas, sin gluten y halal, así que no hay problema en encontrar algo adecuado para cada persona. La comida está buenísima, los precios asequibles, aunque no los más baratos, y las vistas preciosas.

De vuelta al hostal nos cruzamos con un sitio en el que había música en directo, Le Coin des Artistes, así que nos metimos para tomar algo y disfrutar de la música. En la zona antigua de Fez no se vende alcohol, pero nos dijeron que servían cerveza, eso sí, por 4 euros el vaso… Pedimos tres para compartir, y nos las trajeron con aceitunas y pita. El sitio tiene un estilo único, muy reggae, y un ambientazo.

El domingo lo pasamos entero en Fez. El chico del hostal nos llamó a un guía, Ahmed, que nos acompañó durante todo el día por unos 40€. Nos enseñó la parte antigua de la ciudad y nos guio por el interior de la Medina, por donde habría sido imposible pasear sin perderse, ya que es la Medina más grande del mundo. Contratar un guía para recorrer la Medina de Fez es imprescindible, pero hay que asegurarse de que es un guía oficial, ya que de no serlo, si le encuentra la policía le puede detener y dejarte sola en medio de la Medina.

No me veo capaz de repetir el recorrido que hicimos, pero visitamos una cooperativa de cuero y su curtiduría. Antes de subir a ver los curtidores te dan un trozo de menta para que huelas, ya que se mezclan muchos aromas y muchas veces se crean olores fuertes, aunque se pueden soportar. Nos explicaron todo el proceso de tratamiento del cuero (¡sorpresa! Uno de los primeros pasos es untarlo con excrementos de paloma), los colorantes que se usan y todos los artículos que producen. La cooperativa tiene una tienda enorme con todo tipo de productos de cuero, y después de la visita guiada te dejan un rato para que curiosees y compres lo que quieras.

Callejeamos, recorrimos todas las tiendas y puestos de la Medina, tiendas de bodas, zocos, e hicimos un recorrido por todas las puertas de la mezquita, en la que las personas extranjeras no tienen permitida la entrada, pero solo asomarse al interior merece la pena.

También visitamos una cooperativa de telares en la que nos explicaron los tipos de tela, cómo las hacían, nos enseñaron a ponernos un pañuelo para sobrevivir en el calor de Marruecos, y nos mostraron trajes de novia, trajes de diario, y miles de pañuelos, cortinas, etc.

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Comimos dentro de la Medina, en un sitio lleno de personas locales, hombres, que tenía una única mesa en la que nos sentamos con ellos. Ahmed pidió la comida por nosotras y comimos un poco de todo, comida tradicional variada, mientras nos intentábamos comunicar con nuestros compañeros de mesa. En Marruecos mucha gente habla español o inglés, por lo que era relativamente fácil comunicarse.

Tras recorrer la Medina, aprender muchísimas cosas, descubrir olores y sabores nuevos, y comprarnos una chilaba preciosa y barata, decidimos subir a las ruinas de las Tumbas Merénidas, situadas en lo alto de una colina fuera de la muralla, para disfrutar del anochecer. Nuestro guía quería subir con nosotras, pero nos apetecía estar solas y disfrutar de nuestra compañía, así que después de mucho esfuerzo le convencimos para que no viniese con nosotras. Nos consiguió un coche de un conocido que nos subió por muy poco dinero, y nos acompañó en el camino de subida. Nos dejaron allí, pero el coche nos esperaría para bajarnos después de la puesta de sol, y quedamos en encontrarnos con Ahmed a las ocho en el hostal para pagarle.

Tanto las vistas como la puesta de sol merecieron la pena la subida. Había mucha gente viendo el atardecer, algunas personas con música, otras con comida, y muchos niños y niñas jugando.

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Al encontrarnos con Ahmed, le contamos nuestro plan del resto de días, y nos ofreció un contacto suyo para transportarnos en un coche de siete plazas de Fez a Chefchaouen por la mañana, esperarnos allí y llevarnos por la tarde a Meknés (Mequinez); no era muy caro así que aceptamos.

Salimos a la calle en busca de harira y encontramos un puesto callejero en el que nos la servían por menos de un euro, podíamos sentarnos en una mesa que había al lado y se escuchaba música de fondo.

Resultó que la música venía de una boda, y al asomarnos a ver qué era nos invitaron a entrar a bailar y mirar desde dentro. Entramos un poco pero como no queríamos molestar en seguida nos fuimos.

Chefchaouen

Nos levantamos temprano, el conductor nos esperaba para llevarnos a Chefchaouen, también conocido como el pueblo azul, aunque de lejos no parece tan azul.

El camino era precioso y paramos un par de veces para disfrutar del paisaje.

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Lo ideal para conocer la ciudad azul es callejear. Hay monumentos que se pueden visitar, si lo prefieres, y la entrada no es muy cara; pero para mi gusto solo callejeando puedes absorber toda la belleza del pequeño pueblo azul. Lo ideal es perderse y encontrarse una y otra vez para ir conociendo y descubriendo cada calle.

Comimos en Snack Shokri, un mini restaurante/tienda en frente del Kasbah, al lado de la carretera, donde tuvimos la suerte de encontrar la terraza vacía (dos mesas) y poder sentarnos.

Después de comer, sobre las cuatro de la tarde, volvimos al coche para seguir camino a Meknés, donde dormiríamos y pasaríamos el día siguiente.

El camino fue largo, al hacerse de noche nos perdimos y nos metimos por caminos de tierra de los que parecía que el coche no saldría nunca, pero salió. También paramos en medio de la carretera, en una zona totalmente oscura y pudimos disfrutar de las vistas más espectaculares del cielo nocturno.

Meknés (o Mequinez)

El conductor nos dejó en la plaza central, ya que no queríamos molestarle más porque aún tenía que volver a Fez y era bastante tarde ya. Llegar al riad desde allí fue toda una aventura, ya que los locales a los que preguntamos nos mandaban en la dirección contraria.

Un riad es una casa tradicional marroquí que tiene un patio central interior, en el que suele haber fuentes y plantas u otros elementos naturales. Las habitaciones rodean ese patio, y suelen tener más de una planta y una terraza en la azotea.

Finalmente, después de preguntar mucho y caminar bastante, logramos llegar. El riad se llama Ryad Bab Berdaine, nos salió por 61€ la noche, un poco más de diez euros cada una, con desayuno incluido.

Salimos a cenar, pero ya casi todo estaba cerrado. Preguntando en la calle un señor nos llevó a un restaurante de un conocido suyo; allí todo funciona por personas conocidas. El restaurante compartía edificio con la casa del señor, y además ya estaba cerrado, sin embargo nos abrieron las puertas y nos dieron de cenar tajín de verduras. El sitio era precioso y estuvimos muy cómodas.

El día 11 por la mañana, después de desayunar en el riad, salimos a callejear y descubrir Meknés.

Meknés está al norte del país, en medio de un valle verde. Se encuentra en la región de Fez-Meknés, por lo que es una de las cuatro ciudades imperiales del país.

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Se puede descubrir la ciudad callejeando por la Medina y por los zocos, aunque también se pueden visitar edificios que son atractivos turísticos como el Mausoleo de Moulay Ismail. Nosotras optamos por la primera, descubrimos monumentos como la Puerta Bab El-Mansour mientras paseábamos por la ciudad.

Mientras caminábamos descubriendo todos los rincones, un hombre nos contó varias historias y curiosidades sobre la ciudad y nos invitó a comer a su casa. Aceptamos, y al llegar nos encontramos a dos mujeres cocinando lo que íbamos a comer. Pensamos que comeríamos con las personas de la casa, pero no. Nos sentaron en una sala y nos trajeron la comida, que estaba buenísima; pero al terminar de comer, el mismo hombre que nos había invitado a comer nos sacó artesanía hecha por su hijo con intención de vendérnosla. Fue una situación un tanto incómoda y nos vimos obligadas a comprarle cosas que no teníamos pensado comprar.

Por la tarde, antes de coger el tren con destino Rabat, descubrimos la plaza El-Hedim y su mercado.

El tren a Rabat tarda 2 horas y 45 minutos, y cuesta entre 7 y 10€, se puede coger cada hora con la compañía Moroccan Railways, y tiene cabinas de ocho asientos bastante cómodas.

Rabat

Llegamos a Rabat de noche, y el hostal en el que nos quedábamos (Dar Eljouhari, por 68€ la noche una habitación para ocho personas, unos 12€ por persona porque solo éramos 6) estaba bastante lejos de la estación, en el centro de la Medina. Dejamos las cosas y salimos a la Medina a cenar en los puestos de la calle y conocerla de noche. La vida nocturna me pareció bastante animada. Conocimos a un chico de los puestos en los que cenamos y nos guio hasta un bar donde podíamos tomar una cerveza, el bar estaba fuera de la Medina, bastante lejos, pero tuvimos la oportunidad de descubrir esa zona de noche.

Para terminar el día subimos a la terraza del hostal a disfrutar de las vistas y de una shisha. La terraza es muy acogedora y bonita, decorada con dibujos de muchos colores.

Desayunamos en la Medina, en los puestos de la calle, y como siempre, descubrimos la ciudad callejeando. Por la tarde fuimos a la playa y tuvimos la suerte de disfrutar de una impresionante puesta de sol, totalmente recomendable.

Lamentablemente ese día acababa nuestra aventura en Marruecos, por lo que nuestro día no fue muy largo; volvimos al hostal, recogimos las cosas, cenamos por última vez en la calle de la Medina y cogimos un taxi al aeropuerto (no es muy caro y es lo más cómodo).

 


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