Carnavales de Barranquilla: el ELN dinamita un puente y una carretera pero llegamos para vivirlo y gozarlo

Los carnavales de Barranquilla reconocidos en 2003 por la Unesco como Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad, son una de las fiestas más conocidas en el mundo, y tan solo los carnavales de Río de Janeiro superan esta tradición carnavelesca en las calles de la ciudad colombiana.

Los carnavales se celebran en febrero, y Barranquilla se transforma completamente para convertir sus calles en escenarios por los que pasan las danzas más típicas, las comparsas, los trajes más rocambolescos, el ritmo colombiano y la pasión latina.

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Viaje Quito- Bogotá: 40 horas en bus seguidas

Amanecemos en la ciudad de Quito, en Ecuador. Tenemos que coger nuestro autobús para ir a Bogotá: 40 horas de viaje sin parar nos esperan en los próximos días. Una de mis amigas viene desde Guayaquil subida en el mismo autobús que cogeremos, y ella no sabe que vamos a viajar con ella en el mismo autobús, así que cuando nos subamos será una sorpresa.

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Viaje desde Quito hasta Barranquilla

Por fin llega el bus, por el que hemos pagado unos 100 dólares con la compañía Ormeño (la mejor compañía con gran diferencia es Cruz del Sur, pero solo hace este viaje un día a la semana, y si queremos llegar a los carnavales tenemos que salir hoy), que no es de las mejores compañías, pero que al menos continúa el viaje desoués de cruzar la frontera, ya que nos han advertido que es peligroso ir sin un bus que te recoja al cruzar la frontera a Colombia, porque además es difícil encontrar un bus desde el control de pasaportes.

Viajamos hasta la frontera y llegamos a las aduanas de madrugada. Cruzamos a pie la carretera entre Ecuador y Colombia, y en la aduana para entrar en Colombia tenemos que esperar una cola de una hora aproximadamente en la calle.

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Una vez que todo el mundo que viaja en nuestro bus ha sellado su pasaporte, nos indican que tenemos que subir en un nuevo bus que nos espera en el lado colombiano. Este bus es mucho peor que el anterior, no tiene asientos plegables, pero al menos hay espacio, podemos tumbarnos y ocupar dos asientos para dormir.

Pasadas un par de horas, nos vuelven a despertar para volver a cambiarnos de bus, y nos comunican que el bus está muy quemado ya que todo el camino ha sido de subida, y por ello vamos a cambiar a otro bus de nuevo. Por supuesto, este bus es aún peor que el segundo, y la gente empieza a enfadarse.

Dormimos toda la noche en este bus infernal, y por fin llegamos a la ciudad de Cali. Llevamos aproximadamente 30 horas subidas en autobuses, pero me siento mal al quejarme ya que hay varias mujeres que viajan con nosotras que vienen desde Argentina y llevan 7 días sin bajarse del autobús, o una mujer que viene de Perú con su niña que no tendrá más de 2 años y que llevan 4 días subidas al bus, y un saco enorme que carga ella sola.

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En Cali se bajan muchas personas, y las pocas que quedamos para ir hasta Bogotá tenemos que esperar una hora para subirnos al próximo bus: en 10 horas llegaremos a la capital si todo va bien.

La odisea para llegar a los carnavales: dos atentados del ELN en la Ruta del Sol

Pasamos el día/noche con un amigo de Bogotá, vamos a un concierto en el Bronx y salimos a bailar salsa, y al día siguiente salimos rumbo a Barranquilla: nos esperan 18 horas en bus.

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Esta vez intentamos coger la mejor compañía, así que viajamos con Copetran, por 105.000 COP (casi 30 euros). El autobús es muy confortable, y hasta tiene wifi. Pero de madrugada nos despierta el conductor para comunicarnos que los guerrilleros han volado por los aires un puente de la única carretera por la que se llega a Barranquilla.

El conductor nos propone dos cosas: volver a Bogotá (ya llevamos 12 horas de viaje de 18) o llevarnos hasta ese puente que el autobús no puede cruzar y que allí nos busquemos la vida. Todo el mundo lo tiene claro: ir hasta el puente.

Me vuelvo a dormir, y cuando despierto ya hemos parado. Un bullicio de gente llena la carretera, hay decenas de autobuses parados y una sola oficina para reclamar la devolución de nuestros billetes.

Pasamos toda la mañana haciendo cola, pero en la fila de 200 personas hay un grupo de individuos que no paran de colarse y hacer negocio cogiendo los billetes de la gente y colándose para la devolución del dinero a cambio de una comisión. Así, dos mujeres colombianas y yo nos convertimos en las “guardianas de la fila”, así nos llaman sus amigos (y a mí la guardiana española).

Gritamos, nos acercamos a esos hombres y les sacamos los colores, y al final montamos una fila en condiciones, con una cola prioritaria para mujeres embarazadas o que tengan niños y niñas pequeños, todo un logro.

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Finalmente conseguimos que la fila avance gracias a nuestro sudor y esfuerzo (porque allí nadie dice nada, y además hace mucho calor), y ahí siento muy plenamente la sororidad y la forma en la que nos hemos unido las tres para luchar contra esta injusticia, y esto hace que el viaje a Barranquilla ya haya merecido la pena.

Con el dinero en la mano (nos devolvieron 60.000 COP después de 3 horas de cola), cogemos un coche-taxi desde La Mata, que nos deja en el puente que ha explosionado el ELN según los medios de comunicación. Cruzamos el puente a pie, ya que el puente que era la carretera lo han volado por los aires, y en el otro lado tenemos que coger de nuevo unas motos para llegar hasta el siguiente pueblo, que es Pelaya.

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En Pelaya los camiones y los buses se amontonan, y es imposible conseguir una moto para ir al pueblo siguiente. No hay ningún otro tipo de transporte, y los taxis están haciendo su ‘agosto’ en este día.

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Esperamos unas dos horas, en un bar, caminando por la carretera y negociando con cualquier persona que tenga un vehículo, pero nada. Finalmente conseguimos que dos chicos nos lleven, aunque somos tres. Así que nos montamos dos de nosotras en una moto con uno de los chicos, nuestros dos macutos, otras dos mochilas, y la maleta de 23 kg de mi amiga Valerie. En la otra moto, mi otra amiga y el otro chico.

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Tardamos casi 50 minutos en llegar a la siguiente explosión que han provocado en la carretera, y por la que las motos no pueden seguir su camino. Esperamos otra hora a que nos dejen pasar caminando al menos, y cuando cruzamos conseguimos un tuc-tuc que nos lleva finalmente hasta un pueblo un poco más grande y accesible: Curumaní.

En Curumaní nos advierten de que no podremos llegar a Barranquilla, ya que el ELN ha decretado paro armado nacional durante todo el fin de semana, y por tanto las compañías de autobús han cerrado por miedo a recibir disparos si ponen en marcha sus buses.

Preguntamos a todas las personas y nos sentamos en un bar; una hora después, uno de los gringos con los que habíamos hablado sale corriendo por la calle diciendo que hay un bus que sale hacia Barranquilla.

Corremos como locas y conseguimos nuestro sitio en el único autobús que circulará ese fin de semana por esas carreteras, y 6 horas después, llegamos a Barranquilla a las 10 de la noche. Hemos recorrido nada menos que 1969 kilómetros desde Quito a Barranquilla en unos días.

Carnaval de Barranquilla: ¡QUIEN LO VIVE ES QUIEN LO GOZA!

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Si tienes pensado ir a Barranquilla en carnavales, lo mejor es reservar con la mayor antelación posible tu hospedaje, ya que será muy difícil encontrar habitaciones libres. Nosotras no teníamos hospedaje, y la primera noche tuvimos que pagar un precio elevado por la habitación, pero el resto de días tuvimos suerte y encontramos una oferta en Booking (aunque en todos los hostales tuvimos problemas, ya que decían que el precio que ponía en Booking era muy reducido y que estaba mal, pero si ponen un precio online deben atenerse a esas ofertas y por tanto al final nos dieron la razón).

El Hotel San Franciso es una buena opción, se ubica cerca del centro y de los desfiles de carnavales, y el trato fue excelente.

Carnaval en clave Low Cost

El carnaval se celebra sobre todo de jueves a martes. El jueves es la coronación de la reina del carnaval. El viernes puedes vivir la fiesta del carnaval en la calle, específicamente en La Troja. La Troja es un bar que en carnavales pone los altavoces en la calle y toda la fiesta se traslada a esta calle y sus perpendiculares hasta altas horas de la madrugada.

La gente se disfraza, hay guerras de espuma y todo el mundo lleva su carro o su bebida y bebe en la calle. El sábado la batalla de flores comienza muy pronto, entre las 9 y las 10 am. Mucha gente paga por palcos y asientos para poder ver el desfile durante todo el día, pero no es necesario pagar esas cantidades de dinero para poder disfrutar del desfile.

Por 3.000 pesos colombianos puedes tener una silla desde la que ver el desfile y pasar el día entero (y comer las famosas hormigas culonas, un tentempié que se toma mucho), aunque es posible que tengas que negociar, puedes ponerte de límite 10.000 COP (unos 3 euros) por una silla.

El sábado por la tarde-noche da lugar el superconcierto. Es mejor entrar antes de las 18h, pero si vas más tarde normalmente se puede pasar. En el superconcierto hay actuaciones de todas las comparsas y de distintos grupos musicales, y termina a altas horas de la madrugada; la plaza se llena por completo.

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Las hormigas culonas se comen como las pipas, son un tentempié muy conocido.

El domingo hay otro desfile, y por la noche la mejor opción es ir a Baila la Calle en la vía 50, en un recinto que cierran con los mejores dj’s y los mejores artistas del panorama musical colombiano; además, tiene mercadillos, puestos de comida y bares en su interior. Es un minifestival de un día que merece la pena vivir; pero no olvides ir pronto, ya que después de las 7 de la tarde se empiezan a formar colas kilométricas para entrar, y a partir de las 9 de la noche entrar en el recinto es misión imposible.

El lunes vuelven a haber desfiles en la vía 40, y por la noche es el festival de orquestas, donde se entregan los Congos de oro. El martes es la muerte de Joselito (que representa el carnaval), por el que lloran las viudas (en el desfile muchas personas se disfrazan de viudas llorando y gritando por su muerte). Por la noche también hay fiesta en La Troja.

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El carnaval de Barranquilla, reconocido en 2003 por la Unesco, como Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad, es para vivirlo y gozarlo. Así que, solo queda decir:

¡En Barranquilla me quedo!

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